Hace un par de días hablaba con mi hija sobre sus estudios, y entre otras cosas me comentó que tenía un examen de termodinámica, lo cual me recordó la siguiente leyenda urbana, y que según el país en que se cuente, ocurrió en una u otra universidad.

En el caso de España se realizó en la Universidad de Salamanca, incluso en Costa Rica se menciona a esta universidad cuando se habla del examen, sin embargo también he encontrado el mismo texto en La Coruña, e incluso en una facultad de medicina.

¿El infierno se expande o se contrae? Esa era la pregunta que el profesor quería que sus alumnos argumentaran

¿El infierno se expande o se contrae? Esa era la pregunta que el profesor quería que sus alumnos debían argumentar

Un profesor un tanto “especial” se presentó a realizarle un examen a sus alumnos, ese examen solo tenía una pregunta:

“¿Es el infierno exotérmico? ¿Es endotérmico? Justificar la respuesta.”

Es decir, y traducido a un idioma que el resto de “mortales” seamos capaces de entender:

“El infierno, emite o absorbe calor”

Los alumnos sorprendidos por la pregunta, no se dejaron amilanar y comenzaron a dar repuestas y a justificarlas basándonos en la ley de Boyle (que según he podido averiguar trata de algo sobre la expansión de los gases motivado por el calor o algo por el estilo).

Sin embargo, un estudiante respondió lo siguiente:


Primero, necesitamos saber cómo varía en el tiempo la masa del Infierno.

Así, necesitamos saber la frecuencia con la que las almas entran en él y la frecuencia con la que salen.

Opino que podemos asumir sin ninguna duda que, una vez que un alma ha entrado en el Infierno, ya no sale nunca más.

Así pues, no hay frecuencia de salida.

Para calcular cuántas almas entran en el Infierno, tengamos en cuenta las distintas religiones que existen hoy en día en el mundo.

Alguna de estas religiones afirman que, si no eres miembro de ella, irás al Infierno.

Debido a que hay más de una de estas religiones y teniendo en cuenta que una persona no pertenece a más de una religión al mismo tiempo, podemos afirmar que toda la gente y todas sus almas van al Infierno.

Con las tasas de natalidad y mortalidad llegamos a la conclusión de que el número de almas que ingresan en el infierno crece exponencialmente.

Ahora miramos la variación del volumen del Infierno, ya que la ley de Boyle establece que, para que la temperatura y presión en el Infierno permanezcan invariables, el volumen de éste se tiene que expandir según se van añadiendo almas.

Esto nos da dos posibilidades:

   1. Si el infierno se expande a una velocidad más baja que la frecuencia a la que entran las almas, entonces la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste reviente.

   2. Por supuesto, si el infierno se expande a una velocidad mayor que la frecuencia de entrada de almas, entonces la temperatura y la presión caerán hasta que éste se congele.

Así pues, ¿cuál es la conclusión?.

Si aceptamos el postulado que enunció mi compañera Rocío López en el primer año de carrera y que decía algo así como: “El Infierno se congelará antes de que yo me acueste contigo”, y dado el hecho de que todavía no he conseguido llevármela a la cama, entonces el enunciado 2 no puede ser cierto, así que la respuesta es: EL INFIERNO ES EXOTÉRMICO.

En la versión inglesa, no es Rocío López, sino Theresse Banyan.