Entre los recuerdos de mi infancia esta el de los veranos en casa de mi abuela, en Melilla.

Por aquel entonces y no piensen que estoy hablando de mucho tiempo, (unos 30/35 años) el televisor no era algo que fuera muy común en las casas…

En España solo habían dos cadenas de televisión, la primera y el UHF, esta última solo se veía en un par de ciudades como Madrid y Barcelona y su programación era a base de conciertos y programas “culturales”, no como ahora que hay una infinidad de cadenas para todos los gustos, ya se recepcionen por Digital Terrestre, Cable o parabólica…

Cuando teníamos una sola cadena, nos quejábamos de que nunca había nada que ver… actualmente tengo cerca de 100 cadenas en mi televisor y sigo quejándome de que nunca hay nada que ver… ¡en fin, será la condición humana!

Como iba diciendo, cuando no había televisores, por la noche antes de dormir, lo habitual era reunirse toda la familia para hablar…

Mientras, los niños jugábamos alrededor… y en ocasiones participábamos en esas conversaciones…

Ese era el momento apropiado para contar todas aquellas historias que habían ocurrido y que tenían su misterio…
Una de las historia que recuerdo a mi abuela de contar era la de la Santa Compaña…

Os podéis imaginar el miedo que pasábamos los niños oyendo aquellos relatos, ya no nos separábamos en toda la noche de los mayores y cada ruido que oíamos nos hacía saltar de la silla…

Estas conversaciones eran conversaciones de mujeres, los “padres” solían decir eso de: “¡Desde luego, nada más que sabéis hablar de tonterías!”… y continuaban hablando de fútbol o de la “mili” (Para los no Españoles os diré que la “mili” era el servicio militar obligatorio que existía por entonces)

La Santa Compaña nos producía verdadero terror…

“La Santa Compaña es, en la mitología popular gallega o asturiana (con el nombre de Güestia), una procesión de muertos o ánimas en pena que por la noche (a partir de las doce) recorren errantes los caminos de una parroquia. Su misión es visitar todas aquellas casas en las que en breve habrá una defunción. El mito está presente con diversas variantes en todo el contínuum cultural astur-galaico, donde recibe otras denominaciones como Güestia, Güéspeda, Estadea, Hoste, Genti de Muerti, procesión de animas o simplemente Compaña.” (1)

La procesión la forma dos hileras de almas “en pena” con un cirio encendido, a la cabeza va una persona viva que porta una cruz.

Esta persona durante el día no recuerda absolutamente nada de lo que ocurre por la noche y es fácil saber quien es, según dicen, ya que empieza a adelgazar y su rostro se vuelve pálido, cada noche tiene que salir acompañando a las ánimas que no le dejan descansar, por lo que acaba falleciendo de cansancio y sin otra causa aparente.

Los testimonios vienen a decir siempre los mismo…

El doctor Pereira regresaba a casa al filo de las dos de la madrugada tras atender un parto difícil en una aldea vecina. Al doblar un recodo del camino se encontró con «La Compaña». Era un grupo de unas ocho tétricas figuras vestidas de blanco y cubiertas con sendas capuchas comandado por un pálido individuo que portaba una gran cruz de madera. La fantasmal comitiva se movía en el más absoluto silencio, mientras un fuerte olor a cera quemada lo inundaba todo. De repente, el grupo se detuvo frente a la casa de Manolo, el de la ferretería. El pánico dominó al doctor Pereira que salió disparado, como alma que lleva el diablo, para refugiarse en su vivienda, al otro lado del pueblo. Atrás quedaba el «mito imposible» que había visto con sus propios ojos: «La Santa Compaña». Cuatro días después Manolo el ferretero moría de un infarto en la tasca del pueblo..
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(…)

Según el estudio de algunos antropólogos o investigadores que se han ocupado del tema, en muchas ocasiones las apariciones de «La Compaña» se daban en lugares de características similares: terreno irregular, poca luz, un solo testigo y a altas horas de la noche… Algunos estudiosos, tras analizar casos concretos, llegaron a la conclusión de que en muchas ocasiones una pandilla de contrabandistas de tabaco, tan habituales en Galicia, o una partida de mariscadores, bien podrían haber sido tomados en la penumbra de la noche y por unos testigos pre-condicionados culturalmente, por una procesión de «ánimas en pena».” (2)

A pesar de que un viejo chiste dice:

– Por que causa los gallegos no pueden entrar a la mafia ?
– Es que los mandan por coca y traen pepsi.

La mafia gallega tiene tradición… y al parecer hasta dispone de un submarino para llevar a cabo sus actividades (3) ¡Ahí es nada!…

Pero siguiendo con el tema que nos toca… la Santa Compaña…

Las historias alrededor de esta leyenda son muchas…

“Cuenta una de las tantas historias que se han escrito acerca de A Santa Compaña, que en un pequeño pueblo del sur de la provincia de Pontevedra, vivía un labrador con reconocida fama de fanfarrón entre sus vecinos.” (4)

Un día en la taberna de reía de varios contertulios que hablaban de la procesión de las almas.

“”Pasaron semanas sin que nada turbase la tranquilidad de aquel pequeño pueblo, hasta que cierto día el herrero se percato del desaliñado aspecto del labrador. La tez blanquecina y su extrema delgadez le llevaron a creer que había enfermado gravemente, sin embargo la idea de interesarse por su estado de salud le pareció desmedida.” (4)

Una noche mientra marchaba hacia su casa, el herrero, notó un fuerte olor a cera en el ambiente y a lo lejos vio como se acercaban unas figuras…

“Veloz dibujó un círculo en el suelo y se tumbó boca abajo en su interior. El olor a velas era ahora mucho más intenso y el suelo parecía parpadear bajo su luz. Un leve rumor rompía el silencio; un rumor como de voces apagadas.

(…)

Pasados unos minutos giró levemente la cabeza y al abrir sus ojos pudo ver una figura para el familiar, era la figura de aquel fanfarrón que había confundido la realidad con cuentos de viejas y que ahora – cabizbajo y en silencio- portaba una cruz y un caldero.” (4)



La cultura rural expone también una serie de estrategias para librarse de la condena en caso de toparnos frente a frente con «La Santa Compaña». Existen varias fórmulas de protección, aunque las más populares serían:

-Acompañarse de un gato negro y, en caso de toparse con la macabra procesión, arrojárselo y huir. Sabido es el rico simbolismo mágico del gato en todas las culturas.

-Trazar el Círculo de Salomón rápidamente en el suelo e introducirse dentro, no abandonándolo hasta que «La Compaña» haya desaparecido.

-Determinados gestos mágicos como «la figa o higa» o «los cuernos».”

El grupo musical mago de Oz dedica una canción a esta espectral aparición.