En cierta ocasión, un ilusionista muy famoso, da igual el nombre ya que esta historia se le atribuye a muchos, anunció un acto de dos horas que comenzaría a las 8 de la tarde.

Llegado el día, el teatro estaba a rebosar de público. A la hora señalada el telón no se abrió, pasaron los minutos, e incluso más de una hora, y el público ya había perdido la paciencia.

Serían más de las nueve, cuando las cortinas se abrieron y el famoso mago apareció como si nada. Todos los asistentes le recriminaron el retraso.

“Señoras, señores, debe tratarse de un error” – dijo el mago – “si comprueban sus relojes podrán comprobar que son las ocho en punto.”

Los asistentes al acto miraron los relojes, y ciertamente, vieron en la esfera que las manecillas marcaban esa hora.

En la mayoría de los casos, aquí acaba la historia, sin embargo, el relato original es mucho más largo, y tiene más “trucos” asombrosos.

A continuación de lo de la hora, el mago hace que, de no se sabe donde, comience a salir agua a una velocidad vertiginosa, hasta el punto de que en muy poco tiempo, todo el teatro está inundado, y la gente empieza a ponerse nerviosa cuando ve que el agua ya les llega al cuello, y suplican que el mago haga algo antes de que se ahoguen.

Así es, tal y como apareció el agua, esta desaparece.

¡Pero, estimado lector, aquí no queda la cosa…

Tras hacer desaparecer el agua, el mago se inclina a modo de saludo y se despide.

El público, que aún no salía de su asombro, le abuchea, en la publicidad se decía que el acto duraba dos horas, y apenas habían pasado cinco minutos.

Aquel ilusionista, con la tranquilidad que les caracteriza, les dice que tal y como prometió su acto ha durado dos horas, que miren sus relojes, así lo hacen, y las manecillas marcan las 10.

¡Y esta es la historia!

El ilusionista panameño Marko, que estuvo afincado en España hace algunos años, tenía un sitio web muy interesante llamado “The learned Pig Proyect”, que lamentablemente ya no existe, y publicaba un e-zine, en su primer número del 29 de septiembre de 1999, cuenta esta leyenda y su origen.

Al parecer está muy difundida por toda Sudamérica y España, y curiosamente en el mundo anglosajón nunca la han escuchado.

Marko señala como fuente una revista española de ilusionismo.

La primera parte, la de la hora, esta inspirado en un acontecimiento real ocurrido en Londres, cuando un mago anunció que sería capaz de introducirse dentro de una botella. Con el teatro lleno, aquel mago nunca salió a escena lo que provocó algunos altercado entre el público.

La segunda parte, la del agua, viene recogido en “El retablo de las maravillas” de Miguel de Cervantes, en donde dos estafadores “Hacen creer al gobernador y a las autoridades de la localidad que solo podrán ver las maravillas que suceden dentro del retablo aquellos vecinos que sean cristianos viejos —es decir, que no tengan sangre judía— y que no sean hijos bastardos. “(1)

En realidad en el escenario no ocurría nada, pero todos los asistentes, ante el temor de ser acusados de una u otra cosa, dicen ver lo que los estafadores van relatando.

En un momento dado, uno de los estafadores dice: “Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las nubes, es de la fuente que da origen y principio al río Jordán. Toda mujer a quien tocare en el rostro, se le volverá como de plata bruñida, y a los hombres se les volverán las barbas como de oro.

El gobernador, que asistía al acto, y que como todos sus vecinos no veía nada, pensó: “¿Qué diablos puede ser esto, que aún no me ha tocado una gota, donde todos se ahogan? Mas ¿si viniera yo a ser bastardo entre tantos legítimos?” (2)

Referencias

(1).- https://cvc.cervantes.es/artes/menc/retablo.htm

(2).- Los fragmentos de texto de la obra de Cervantes se han extraído de http://miguelde.cervantes.com/pdf/El%20Retablo%20de%20las%20Maravillas.pdf