El Sumiciu es un duende pequeño, muy difícil de ver y que según la mitología asturiana se encarga de hacer desaparecer las cosas, pero no cualquier cosa, solo aquellas que has visto hace unos «segundos», que sabes perfectamente donde está, y que te son necesarias.

Son difícil de ver solo para los adultos, ya que los animales y los bebes si lo ven, a los primeros los hace enfadar, y a los segundos, les hace reír.

Son delgaduchos, de ojos vivarachos, y vestido con prendas de vistosos colores y mal conjuntadas, y casi siempre llevan una llave, les encantan las llaves, que roban sin remordimientos, antes la desesperación de los dueños de las casas que nunca más las vuelven a encontrar.

Disfruta viendo a los humanos perder los nervios en sus infructuosas búsquedas de esos objetos que tenían a buen recaudo.

Viven en las casas, son duendes hogareños de quienes es imposible deshacerse. Algunos dicen que rezando una oración a San Antonio el duende se marchará de la casa, pero como te equivoques al recitarla, estarás perdido porque ya no habrá manera de que se vaya.

Otra de las aficiones que se les achaca es la de cambiar una cosa por otra, por ejemplo, el azucar por la sal,…

¿Nunca has perdido las llaves?… ¿Algo que habías dejado sobre una mesa ha desaparecido?… ¿Echastes sal al café?… Si tus respuestas son sí, es posible que tengas un Sumiciu en casa.

El escultor D. Pedro Bueno realizó una escultura del Sumiciu que se encuentra en el Camín encantú del valle de Ardisana. (Imagen superior)

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