«Frontero a la catedral se alzaba en la plaza del Obispo hace pocos años todavía, un caserón vetusto, de esos que van desapareciendo uno tras otro de nuestras ciudades, para dejar sitio á las apretadas viviendas de hoy. Sombrío, destartalado, ostentando tosco blasón de piedra desgastado por los años la intemperie, sus apariencias todas mostraban que debió ser la morada de algún magnate de aquellos que en los siglos XVI y XVII perturbaron de continuo la sociedad malagueña con sus rivalidades y sangrientos lances.(… estos edificios…) estaban marcados a veces por algún signo en memoria de una hazaña, de un delito, ó de una justicia. Eran la tradición, y al desaparecer se llevan el recuerdo del pasado entre el polvo de sus ruinas.cronica hispano americana 28051860 detalle

Este que nos ocupa atraía la atención del que lo miraba había siete cabezas de piedra, labradas con rudeza, que adornaban su fachada dándole un aspecto severo.

Prometían una historia terrible.»

Así comienza un artículo del diario del 25 de mayo de 1880, en él se hace referencia a un edificio señorial en la plaza del Obispo de Málaga, conocida como La casa de las siete cabezas, la historia de el significado de esos bustos forma parte de las leyendas de la ciudad.

Corría el año de 1639, el alcalde de Málaga se llamaba Pedro de Olavarría, según cuentan, persona de un violento carácter y excesiva vanidad en el culto hacia su persona, que representaba a la monarquía, y en este caso a Felipe IV.

[pullquote]Con estas «virtudes» ya tenemos un coctel explosivo inestable que en cualquier momento puede estallar, y así ocurrió.[/pullquote]

Pero todas esas características en lugar de verse frenadas se incrementaban aún más al estar dominado por una esposa «que astuta y dominante, había sabido cautivar su corazón y avasallar su espíritu, hasta el punto de que no veía más que por sus ojos, ni pensaba de otra suerte que como ella quería que pensase. Entre sus manos se trocaba en blanda cera el terrible corregidor.«

cronica hispano americana 28051860Para más, la señora era poco amiga a que se le opusiera resistencia, y amante activa de los juegos amorosos con todo aquel que se le pusiera por delante.

Con estas «virtudes» ya tenemos un cóctel explosivo inestable que en cualquier momento puede estallar, y así ocurrió.

El divertimento en aquella época pasaba por las fiestas de sociedad y por asistir al Corral de la Caridad, que era lo que hoy llamaríamos un teatro.

La pompa de aquellos años obligaba a que ninguna acto público comenzara hasta que llegara la máxima autoridad de la ciudad, y así ocurrió el 8 de septiembre 1639.

Entre el público que espera la presencia del insigne se encontraba Alvaro de Torres y Sandoval «mancebo apuesto, de buen linaje, y más discreto y comedido que los de su clase y de su edad. (Y que) Pronto lo distinguió la corregidora entre todos los hidalgos y se prendó de su seriedad y porte distinguido. La juventud misma de D. Alvaro, casi en la adolescencia todavía, cautivaba su espíritu y encendían sus deseos, que disimulaba cuidadosamente, como maestra consumada en tales artes.» a lo que él permanecía indiferente cosa que no gustaba a la señora, que como hemos dicho, no era amiga de que se le negaran «favores».

El día en cuestión, cuando alcalde y alcaldesa llegaron, todo el público en señal de respeto se puso en pie, salvo el joven, que a pesar de haber sido apercibido por los alguaciles se negaba a mostrar su respeto a quién consideraba que no lo merecía.

Palacio Episcopal de Málaga. Fotografía de 1928

Jardines del Palacio Episcopal de Málaga. Fotografía de 1928

El alcalde ofendido, y más aún con una señora, también ofendida, pero no por este acto de no querer levantarse, sino por el de haber sido rechazada, en lugar de apaciguar a su marido «prende más la mecha» de la ofensa.

Alvaro de Torres es arrestado, en el atosigamiento del interrogatorio, delante del alcalde, el joven, apenas aún en la edad de la adolescencia, explicó el acoso a que había sido sometido por la esposa del allí presente y máxima autoridad, lo que acrecentó aún más, si se podía, el enfado del ultrajado esposo.

«Ni corto ni perezoso» lo amañó todo para que, con carácter urgente, un juez dictara sentencia de muerte del pobre chico, y así ocurrió, dejando su cuerpo colgado para «escarnio público».

[pullquote]D. Pedro, el alcalde, no llegaba a entender la pasividad de la familia del muchacho por lo que empezó a sospechar que algo podría estar tramandose[/pullquote]

Málaga en 1600. Crédito imagen: http://www.laporte.es/Malaga.html

Málaga en 1600. Crédito imagen: http://www.laporte.es/Malaga.html

Evidentemente, la alta sociedad malagueña, que conocía la historia y los intentos por parte de la alcaldesa de «trajinarse» al joven, no se quedaron impávido ante tal hazaña, y en especial, la tía del muchacho, que debía de ser una señora de armas tomar, y no fueron las armas las que precisamente tomó, sino una diligencia que le llevó hasta la misma puerta del rey Felipe, a quién contó lo ocurrido, el cual mando a un juez real para que investigara el caso, pero todo en el mayor de los secretos.

D. Pedro, el alcalde, no llegaba a entender la pasividad de la familia del muchacho por lo que empezó a sospechar que algo podría estar tramándose, mando cartas y envío a gente de confianza a la Corte, y no recibía respuesta, lo cual hacía que ya no fuera «una mosca lo que tenía detrás de la oreja» sino un grandísimo moscardón.

Tras la averiguaciones llevadas a cabo por el juez, este dictó sentencia de muerte contra el alcalde, el juez que había intervenido en el caso, el escribano, el alguacil, el alcaide de la cárcel, el verdugo y su ayudante.

Málaga se despertó con un cadalso en una de sus plazas, lo cual provocó el asombro de todos los ciudadano, pero mayor aún fue cuando presenciaron la ejecución del alcalde y de todos los que intervinieron en la muerte del joven Alvaro.

Doña Sancha en recuerdo de los acontecimientos mandó poner en la fachada de su casa siete cabezas que recordara a todos que la injusticias se pagan, y que quién ofende a su familia lo paga caro.

En el libro «Casas encantadas y sucesos extraordinarios de Málaga» se cuenta este mismo episodio.

Otra versión que hay de la historia, habla de que es la hija de alcalde la que estaba «prendada» del joven y que este no le hacía caso, lo que provocó la ira del señor padres, que era el alcalde.

Fuentes:

  • Diario «La América» del 28 de mayo de 1880. Artículo firmado por José Anchorena.
  • «Casas encantadas y sucesos extraordinarios de Málaga» – Autor: Enrique del Pino – Páginas 31 y siguientes – Edición: 2009 – Editorial Almuzara, S.L.

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